Caminemos juntas

Actualizado: 6 sept

Por Alejandra Teleguario


Ser niña en Guatemala es un reto, sin duda alguna. Y puedo afirmarlo, al ser una chica que a los 13 años perdió el miedo para alzar la voz ante las injusticias y desigualdades que día a día todas debemos afrontar.

Recuerdo ser una chica demasiado tímida, no me agradaba participar en ninguna actividad pública en el lugar donde estudiaba y cuando hablaba con alguien me limitaba a responder “sí” y “no”. No fue hasta el golpe de realidad que tuve a esa edad que me hizo salir de la burbuja donde estaba, al darme cuenta cómo las otras chicas de mi entorno se sentían incomprendidas, insuficientes y poco queridas… debido a las situaciones de violencia a las que estaban expuestas.

Escucharnos y acompañarnos, fue el impulso para comenzar en el activismo. A una corta edad, supe lo que era la sororidad: entre todas, nos sentíamos apoyadas, buscábamos ayuda para solucionar las cosas por las que estábamos pasando. Todas crecíamos juntas y cada vez más me convencía que necesitábamos ser escuchadas y romper esos ciclos de violencia que nos han mantenido siempre al margen. El poder reivindicarnos no ha sido un camino fácil, porque conforme más avanzas, más retos encuentras.

La frialdad producida por el machismo, el adultocentrismo y la indiferencia de nuestra sociedad habla por sí sola. Ahora nos encontramos en un contexto de pandemia, pero la violencia no descansa y las desigualdades persisten. Vivimos en un país donde hasta la fecha hay 77,847 niñas y adolescentes entre los 10 y 19 años que son madres; donde 2,711 niñas y adolescentes entre los 0 y 19 años han sido víctimas de violencia sexual; donde 69 niñas han muerto de forma violenta; donde nuestras 56 niñas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción no han recibido justicia digna; donde las alertas Alba-Keneth e Isabel Claudina ya son costumbre… Y pareciera que a muchos no les importa.

Nunca hay que subestimar el poder de las niñas, adolescentes y jóvenas. Cada historia, cada nombre, cada rostro y cada palabra de todas esas chicas con las que hemos caminado juntas se han quedado grabadas como un llamado diario a construir un mejor país para todas. No somos demasiado pequeñas para querer cambiar el mundo y lograr nuestros sueños, tenemos un corazón rebelde y lleno de energía para alcanzar lo que queremos.

Este 11 de octubre, hablemos de la importancia que tiene el empoderamiento e involucramiento de las niñas y la defensa de sus derechos. Caminamos juntas por una Guatemala por y para todas. Levantemos la voz por las que ya no están y por las que luchan todos los días. No olvidamos, y no nos detendremos hasta que todas nosotras las niñas, adolescentes, jóvenas y mujeres vivamos libres y sin miedos.

 

Ale Teleguario es de Quetzaltenango, Guatemala. Es una activista feminista por los derechos sexuales y reproductivos y los derechos de las juventudes. Es Cofundadora de Be RadFem XelaXela y Coordinadora Nacional de Jóvenes Artistas por la Justicia Social, Huehuetenango

 

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