Desde la rebeldía feminista construimos el buen vivir



Las mujeres plurales mayas, xinkas, negras, lesbianas, campesinas, trans, trabajadoras sexuales, defensoras de la tierra y lideresas indígenas, académicas, estudiantas, artistas, todas luchadoras sociales, reunidas en este Encuentro Feminista Nacional, realizado del 17 al 19 de octubre en Ciudad Guatemala, celebramos nuestros cuerpos, nuestras historias de lucha, nuestras espiritualidades, propuestas y sueños.


Reconocemos que estamos confrontadas a un régimen neofacista guerrerista, que despoja nuestro territorio cuerpo, territorios, sentires y deseos; que anula sistemática a las mujeres y a los pueblos originarios, trata de borrar toda su huella y de apropiarse de los lugares energéticos (cerros y lugares sagrados) así como de su resistencia. Nuestros cuerpos han estado en el ojo de las estrategias y los sistemas del biopoder, a través del cual el Estado busca garantizar, el disciplinamiento y el control del mismo, minando nuestra propia autonomía para decidir y disfrutar sobre él, tratando de convertir todas las cosas y todos los seres vivos en mercancías con vistas a la acumulación. Frente a esto decimos un rotundo No a la guerra en cualquier parte del planeta.


Desde los poderes se tratan de justificar todas las formas de violencia patriarcal contra las mujeres, las niñas y la niñez trans, en las casas, en las aulas, en las calles, negando el reconocimiento de los embarazos en niñas y adolescentes como un trato degradante y tortura. Este pensamiento obtuso y fascista trata de silenciar la pluralidad de pensamientos a través de la criminalización de las luchas sociales. Nos enfrentamos a una manipulación del sentir, la emoción y el deseo por parte de los fundamentalismos religiosos que con la complicidad de la clase política imponen el miedo, la culpa, la vergüenza y el silencio como valores sociales aceptados.


Como feministas soñamos con la posibilidad de construir la autonomía de todas las personas para decidir libremente; de regresar a lo cotidiano en la construcción de las redes de la vida y transformar no solo la reproducción de la vida y los cuidados, sino la producción sustentada en el empobrecimiento y la explotación mental, física, sexual y emocional de las personas.


Queremos que caiga el velo de la impunidad y que la justicia social se ejerza desde la población ya que el Estado no la impulsa. Soñamos con espacios de libertad para ser, estar y vivir en plenitud.


A partir de nuestras ricas reflexiones sobre el cuerpo y la sexualidad, hoy volvemos a posicionarnos en contra de toda legislación y política orientada al control de nuestra autonomía y de la imposición de maternidades forzadas, expresando nuestra demanda colectiva para la despenalización del aborto.


Recalcamos nuestro rotundo rechazo a las violencias y odio contra las personas LGBTIQ+, que se expresa en la Iniciativa 5940 que pretende patologizar el reconocimiento de la identidad de género y prohibir la Educación Integral en Sexualidad. Por tal razón, objetamos y expresamos nuestra preocupación por la vigencia de la Política Pública de Protección a la Vida y la Institucionalidad de la Familia y proponemos que en lugar de ésta se apruebe el presupuesto para el funcionamiento de todos los CAIMUS existentes, así como el impulso de procesos institucionales que construyan datos que permitan la construcción de soluciones a las problemáticas que afectan a las mujeres.


Nuestro respaldo a las defensoras de Derechos Humanos, que han sido criminalizadas por defender la autonomía, la pluralidad y la ampliación de la representación. Rechazamos la persecución del que han sido objeto abogadas enjuiciadas con riesgo de condena por su trabajo en la búsqueda de justicia, así como jueces y juezas como Virgina Laparra, con quien nos solidarizamos frente al terrorismo de Estado que la tiene apresada y que ha exiliado a múltiples agentes de justicia que buscan el cese de la impunidad. Respaldamos la resistencia frente al fraude en la USAC y la imposición de un rector representante de las mafias del país y rechazamos las expresiones de censura y misoginia a las jóvenes feministas de la USAC que con sus propuestas construyen una universidad pública y libre de violencias.

Hoy volvemos a decir que merecemos vivir sin miedos, ni violencias. Ni en las casas, ni en las calles, ni en las aulas.


¡Nuestra autonomía no está en discusión!

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